07 mayo 2009

Y si acaso no brillara el sol...

La verdad es como esa luz que encandila y molesta en la vista. Y hay dìas en los que el sol puede ser asì de triste e hiriente. Porque, frente a la incomodidad de la luz, sòlo caben dos opciones igualmente incòmodas: La primera es cerrar fuertemente los ojos, autoconvencièndose de que la luz no està ahì; entretenerse algùn tiempo con las figuras de colores que aparecen cuando uno cierra los ojos frente a la luz, y esperar a que la noche o el destino le devuelvan la tranquilidad con alguna sombra. La segunda es la de los valientes por necesidad, y consiste en levantar los pàrpados sin que ya nada importe; dar bienvenida a los rayos que irritan el iris haciendo llorar, y bancàrsela como Gardel en el aviòn.
Por acà el sol no sale tan seguido. Pero, en el caso de que vuelva, voy a probar con la segunda variable. Porque creo que hasta ahora la primera no funcionò...

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