10 junio 2009

No olvides nunca regar tu propio jardín...


Poseía un jardín hermoso, al cual amaba
rosas rojas cultivaba en él
capullos encendidos de pasión
buen perfume emanaba de él.

Traicionero fue, desleal floricultor
se llevó su manguera a otra vega
buscaba otro oasis para entretener
labró lo ajeno, olvidando así, su propio vergel.

Sus rosas amadas, empezaron a marchitar
¡Vaya sequía!
pues no tenían riego, los capullos ajados,
y la floresta languidecía.

¡Cuan sorpresa! pues el horticultor
expulsado fue del nuevo edén
fanfarrón él, quiso volver a su jardín
añoraba sus rosas, recordaba capullos.

Necio él

Su jardín, ya tenía dueño
pues un flamante jardinero cuidaba de el
el cual, con gran esmero, regaba el huerto
y armado de regadera, con mango firme
y buen aspersor
velaba que nunca, nunca
riego alguno, le fuera faltar.

2 comentarios:

  1. Que bonito Vangelisa, cada palabra, mmmm, que bello, me gusta todo lo que escribes, pero este poema es de los que más.
    Un beso

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