18 noviembre 2010

Entre claros, rosas y oscuros. Entre mil colores se encontraba.
Se ocultaba; permanecía sigilosa y asustada.

¿Qué color debía tomar?

La desición era más fácil que nada: debía llegar al blanco, alejar el negro.
Pero para alejar el negro debía atravesarlo. Ella se encontraba, como otros días, en la duda, en el mar de las preguntas, en una frontera sin límite.

Recordó su historia. Recordó momentos. Miró de frente, siempre de frente. Ya no debía mirar atrás.

Tomó un pedazo de su corazón que sangraba, chorreaba. Lo arrojó al abismo; le dió un beso de despedida y el trozo se hizo gris.

Tomó un pedazo de su voz; eran los gritos desgarradores. Arruinaban sus oídos. Sólo podía escuchar un canto. Era una oda al amor, un réquiem de dolor.
Metió la mano en su garganta. Sacó todas esas frases que dedicó, rompió las palabras de cristal. Molía las letras de un nombre. Y la voz se hizo polvo.

Tomó su nariz, la exprimió.
Salieron los fluídos de aquellos aromas que la llevaban a tiempos hermosos, tiempos de desdicha. Tomó un pañuelo, los detuvo. Los envolvió y quemo a sus pies.
Y los aromas desaparecieron.

Abrió su cráneo. Tomo el cerebro.
Proyectaba momentos, proyectaba risas, nombres, lunas y soles. La hacía volver al pasado más vívido que nunca.
Cortó un pedazo, lo miró. Una lágrima enjuagó las basuras, el cerebro lucía limpio.
Lo puso en un pedestal junto con el polvo, el corazón gris y lo que quedaba del pañuelo.

Miró sus recuerdos, ahí estaba su historia. Sin esa parte de cerebro comenzó a olvidar. Ya no sabía cuál era su nombre, ya no más.
Ya no recordaba que había amado, que había sufrido. Ya no había nada.

Metió la otra parte del cerebro, hermosa e incorrompible, con nuevos recuerdos con nuevas historias.


Aquella sonrisa, aquel amor por el que una vez se mantuvo viva, se desvanecía lentamente mientras ella se alejaba. Lista para atravesar el negro.

Y el negro sería difícil. El negro sería duelo, el negro sería desolación. Nunca odio.

Pero el negro se iría, porque llegaría a la luz. Allí donde no existía el miedo. El recuerdo de su nombre.

Camino sin saber porqué. Todo ya lo había olvidado...

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