18 mayo 2009

Chau Mario

Ayer te despediste del mundo terrenal,
hoy, formas parte de la inmortalidad.
Vives en el pensamiento,
en las páginas que redactaste
hace mucho tiempo atras.

Has dejado una huella
imborrable en mi corazón,
la sencillez estuvo presente
en cada frase que tu pluma esgrimió.

Agradezco inmensamente el sentido de la vista,
el que me permitio en conjunto con mi lagrimas,
con mi risa, recordar lo maravilloso de la vida.

Gracias por dejarme recrear, amar, sentir, valorar,
la grandeza de esta humanidad, que dislumbraste
en palabras coloquiales, palabras dignas, palabras de amistad.

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