20 mayo 2009

-MENDIGO-



Ahí estaba él; hora tras hora, día tras día ajeno al paso del tiempo.
Aferrado a su puro, boqueando hondanadas de humo que era lo único que parecía sentarle bien a aquel mendigo.

Tenía unos ojos pequeños como alfileres y una barba prominente.
Era una alma perdida pregonando el suicidio espiritual al que se ha sometido, el último eslabón de la cadena de la indigencia.

Los alaridos e insultos soeces que escupía a un ser invisible, eran el heraldo de alguna batalla pasajera de dudoso resultado.
-¡No! ¡No, por favor! -aullaba en medio de la calle gesticulando-.
-¿Qué le pasa señor? -le preguntó un anciano-.
-¡Estos putos pájaros me quieren matar, me están jodiendo a picotazos!.
-Pero, ¿qué pajáros?; por aquí no hay ningún animal volador en 50 metros a la redonda.
-¡Nooooooo! -aspavientaba con los brazos-.
-Será mejor que deje de beber señor, está usted delirando...
-¿Me está tomando por loco?
-No, en ningún momento.
-Ya se han ido esos cabrones, de vez en cuando surgen desde el cielo y me acribillan.
-Vaya, vaya...¿así que surgen desde el cielo, eh?.
-Así es -prosiguió-.
-Haga el favor de irse a dormir, mañana será otro día.
-¡A dormir vas tú!.
-Adiós, que tenga buen día.
-Buen día los cojones...¿es que no me ve como me han puesto la cabeza a picotazos? -se señaló arrascándose su incipiente calva-.

El anciano se fué perdiendo al final de la calle hasta doblar la esquina, parecía deambular.


Era la última parada de su ruta, el camión de la basura número 133 pasaba puntual a las dos de la madrugada y el muchacho siempre le dejaba unos
cartones que había recogido anteriormente para que durmiera protegido del frío de la noche.

Yo todos los días cuando bajaba la basura le obsequiaba con un puro para que se le hiciera mas amena la noche, le gustaba fumar, le encantaba fumar; en algo coincidíamos.
-Gracias hijo, que Dios te bendiga -me agradecía-.
-No hay de qué.
-Dios te lo pagará- afirmaba-.
-Si Dios existiera...
-Dios existe, mira al cielo -señalaba con sus dedos retorcidos como troncos de bonsais-.
-Puede ser...
De pronto apareció de la nada un pájaro negruzco haciendo un vuelo rasante sobre mi cabellera.
-¡Joder!, ¿has visto eso?, ¿qué coño era? -exclamé-.
-Un pájaro hijo, un pájaro.

Me giré tan rápido como mi cintura me permitía, y... nada de nada, ni rastro de aquel kamikaze.
¿Estaré sufriendo alguna paranoia? -me pregunté a mi mismo-, pero no, hay estaba yo, el mendigo y su inseparable cartón de vino rancio.

-Me voy, creo que estoy enfermo; buenas noches- estreché mi mano-.
-Buenas noches hijo.


Subiendo las escaleras del portal me venía a mi mente un sofocante pensamiento:
¿Llegaré yo a ese día?; el dia de la embriaguez permanente, donde el terrible alcoholismo ya no sea suficiente para apaciguar mi sufrimiento y necesite hundirme en la borrachera perpetua y desgarradora para de una maldita vez, intentar conseguir cicatrizar las llagas de las heridas que, quizás hemos sido nosotros los mismos los que las hemos abierto.

Lo desconozco, sólo sé que ese bicho era dañino.

2 comentarios:

RANTIFUSO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
RANTIFUSO dijo...

bienvenido. veamos lo que seras capaz de hacer por aqui. jaja. salú

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