20 mayo 2009

Menuda tontería.


Richard McKay Rorty enunció en su obra Contingencia, ironía y solidaridad que la indiferencia es la forma más refinada de crueldad, refiriéndose a la obra de Nabokov más conocida. Y al caer en una espiral de deseo, véome arumbado junto con mis deseos en un sótano húmedo y oscuro, que sólo posee el recuerdo de la suavidad de tus manos. Mi mente recrea ese cuadro de Pierre-Auguste Cot llamado Le printemps, y desea volver a tenerte a mi lado.


Te has convertido en una obsesión, en una meta, en un trofeo. Y el fetichismo amoroso que me invade se complementa al saber que eres seis años menor que yo. De lejos percibo tu necesidad de pertenecer al mundo de las marcas, de la moda. Y yo parezco Allan Bloom amando a la American Mind que tanto criticó en su obra. Y me adhiero a la forma Spinozista de ver el amor en el que se argumenta que “El que imagina aquello que ama afectado de alegría o tristeza, también será afectado de alegría o tristeza; y uno y otro de estos afectos será mayor o menor en el amante, según uno y otro sea mayor o menor en la cosa amada”.


Lo que me desentona, me desarmoniza en estos días es tu cruel indiferencia. Me tomas de las manos, me besas la mejilla cual nínfula de bellos ojos, y seduces a cuanto Adonis se te presenta. Y no sé si me he enamorado de ti o del bagaje sentimental que te precede, en el que una de mis anteriores acompañantes poseía una fisionomía tan parecida… me asusta, me aterra, me gusta, me atrae…


Y mientras tanto te escribo versos de amor y encanto cuando te percibo con energías positivas hacia mí:

Yo no puedo imaginar
Cómo fue aquél triste día,
En que te besó un desventurado,
Y ese solo beso inmaculado,
Se robó tu corazón.

Fue su día más dichoso,
Fue el principio de su amor,
Es posible que no me hables,
Luego de este atrevimiento,
Pero dime, si no lo hago,
¿Cómo vivo en desazón?

Yo quisiera ser aquél,
Que sus labios incrustó,
En tu boca sonrosada,
En tu aliento de aguamiel.

Y cuando la indiferencia hacia mí te invade, sólo me arrepiento de haberte deseado. Y hoy dudo ¿qué pasaría si ya estuvieras junto a mí, dulce fascinación? No sé qué es lo que siento por ti y eso lo calificó Noel Clarasó de la siguiente forma: Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto. Menuda tontería la mía.

1 comentarios:

Marijose dijo...

El amor nos vuelve un poco tontos a todos, correspondido o no lleva el sufrimiento incrustado en su misma esencia. Pero qué sería de nosotros sin el? Saludos!!

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