08 abril 2012

Crepusculo


“En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas”…
El Principito.



En este momento no podría explicar muy bien casi nada. La culpa la deben de tener los remedios que me veo obligada a tomar. Cierro los ojos y quiero creer que no quisiste romperme el corazon, que fue la vida, el destino. Que no fuiste un vil canalla. A veces tengo segundos de algo que quizás podría llamar conciencia absoluta y me siento parte de todo, del mundo. De todas formas tengo mis momentos como todos, mis minutos eternos, infinitos. Me ha tomado una vida perdonarte, pero aunque quiero, aunque he tratado, nunca he podido olvidarte.

Hoy en la playa de mi juventud el atardecer me sorprendió en uno de esos segundos. Mi cuerpo se estremece todo de punta a punta, al recordarlo. O quizás yo lo sorprendí a él, como tantas veces. No importa, no hay gran diferencia, alli estábamos, el crepusculo y yo, como tantas veces. Haciendo su despliegue de colores magníficos y yo maravillandome como si fuera la primera vez. Volvi a sentirme pequenita, minima, perdida en la inmensidad de lo que tenia frente a mi, yo, con mis problemas de adolescente enamorada de la vida, del amor, de ese hombre que me tenia loca de amor, de todos los proyectos que tenia en mi cabecita que nunca dejaba de pensar. Y así, mínima, inexperta, pura, con mis cortas primaveras, sintiendome ridicula, no sé por qué recordé una frase que leí en algún libro o escuche en alguna película o, quizás, que acababa de inventarme yo, es decir; el yo ese que todavía era yo y que estaba en la playa viviendo, sintiendo, llorando emocionada, participando de otro bello atardecer… en esos tiempos queria correr, apresurarme a todo lo que iba llegando a mi vida, queria amar y ser amada, queria tantas cosas... queria llegar a casa y tener una familia amorosa y armoniosa, unos padres enamorados y unos hermanos felices, queria sentir que todo en mi vida era normal, que yo estaba exagerando, que apenas cumpliera los 18 todo iba a ser diferente. La frase que se me venia a la mente siempre era que "todo iba a pasar, todo iba a mejorar" "nada he perdido porque sigo aquí", tenia ilusiones, fe, esperanza, creia en la frase que mi abuelita me habia impregnado en el alma "querer es poder" y yo queria tantas cosas.


Me encanta caminar por la orilla del mar, desde siempre. Me gusta ver salir el sol y me gusta ver cuando se oculta. Es un rito que es parte de mi vida desde siempre, no importa el lugar, no importan las horas, el tiempo sin tiempo, mi memoria tan fotografica.

Esa tarde triste de mi juventud doliente estaba amaneciendo allí debajo, pensé que mientras yo veía el sol desaparecer y pintarse color naranja, algún australiano lo estaba viendo aparecer pensando vaya uno a saber qué cosa, quizás también en el amor, en sentirse amada y correspondida, comprendida, necesitada, deseada. Y después pensé en mi amado Principito y sus cuarenta y tres puestas de sol. El Principito sigue siendo mi libro favorito.

Y también pensé (y sentí) sobre todo; que no pasaba nada (o que todo pasaba, que vendría a ser lo mismo): solo terminaba un día acá y empezaba otro allá. Porque los días terminan, como termina el amor, como termina la vida; y no pasa nada. Pero sabemos que allá amanece, y que seguramente un australiano romantico y sentimental como yo lo verá, porque una noche mientras contemplábamos los astros nos dimos cuenta de que la tierra era redonda, y nos inventamos los meridianos para calcular las horas exactas en cualquier parte del mundo.

Y que pasaria ¿ si no lo supiéramos? ¿Si un buen día (un único día) nos dejaran solos y en la ignorancia en alguna playa y viéramos como poco a poco y con esa pomposidad que tienen los finales de cosas hermosas la luz se va apagando? ¿Acaso no nos desesperaríamos? ¿No viene de ahí la palabra desolación? Y si viniera alguien y nos dijera: no pasa nada, es solo la noche que nos toca para que otros puedan tener su día, pero pronto el sol volverá y ya no estarás desolado, nacerá un nuevo día y todo volverá a empezar. ¿Le creeríamos?

Volver a empezar, me lo digo, me lo repito todos los dias.... hoy es el primer dia del resto de mi vida... hoy tengo que volver a empezar...

Claro que le creeríamos, dirán. Lo que pasa es que esas cosas las sabemos, y por eso las creemos, y por eso nos sentimos tan seguros de ellas. ¿y Dios? y el amor? ¿y la muerte? la vida? la lucha diaria? la enfermedad? la soledad? el desamor? la envidia? la maldad? la indiferencia? Por qué será que nos cuesta tanto creer y sentir (sobre todo sentir) que no pasa nada; que el amor oscurece acá para iluminar un poco más allá, que la vida se apaga ahora para encenderse en otro lugar. Lo único seguro es que no se quedara inmóvil: nada, nunca.

Y me quedaba horas jugando en la arena, escribiendo el nombre de mi amado, de aquel que me dejaria rota y desconsalada, mirando como el sol naranja se hacia azul y volví a perderme en lo de siempre: en extrañar a mi abuela, a mi amado, en tener hambre, en el calor, en sentir miedo por un futuro incierto… Ha terminado el día acá, ha empezado allá.

No pasa nada me decia, y volvía a casa a los pleitos, a la bulla, a las quejas, a competir por las caricias y a buscar abrazos escasos, volvia asustada, temerosa, hambrienta, temblando, cubriendo mi tristeza con mi personalidad de payaso, llenando mis vacios con hiperactividades, con el mismo dolor que me causaba tu ausencia tu desamor, y con el mismo miedo a la vida y a la muerte.

Han pasado muchas primaveras, mas de cuarenta y sera que he llevado a cuestas este amor y este dolor tan pesados que no me han dejado caminar ligera para contemplar nuevos crepusculos. Los he perdonado a todos, a cada uno, he tratado de enterrar mi dolor y seguir avanzando, he querido ser indiferente pero el amor que llevo en el alma no conoce del olvido y te sigo buscando en cada crepusculo.

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