24 abril 2012

Secreto de agua.

Todo el mundo tiene un secreto, esa es la excusa que tienen la mayoría los mentirosos para camuflar la verdad, pero a su vez convierten a los reservados en autenticas tumbas que en algunos casos llegan a ser magníficos panteones. Durante lo que llevamos de existencia la naturaleza de las cosas que guardar para uno mismo en silencio han sido tan diversas, como perversiones, delitos, asuntos turbios y un largo y extenso abanico de sucesos que ocultar o mantener el privado. Ha habido sangre, sudor, dolor, gritos y un sinfín de historias maquilladas, patrañas inventadas y discursos practicados delante de los espejos del planeta.

El mío es más peligroso que ninguno de ellos, tan letal como una buena dosis de veneno del pez León de mar, o puede que supere a la propagación del mismísimo sida. La verdad es que es una carga, pero como todos los secretos importantes deben desvelarse muy cerca del oído y con un profundo susurro calido, que no deje tiempo a respirar en medio… igual que si te hablase la voz de una montaña que se yergue impetuosa sobre una llanura.

Lo único es que el mío es algo prohibido desde la antigüedad, un secreto que nunca debió ser escrito y si así hubiese pasado, debió ser destruido al hacerlo, pero el viento lo supo y lo transmitió durante generaciones alternas para que un don que nunca debió existir campe a sus anchas por la tierra.

En fin, es un arte maldito por la superstición y condenado erróneamente al canibalismo o incluso a la nigromancia digna de seres antinaturales. Aunque meramente no deja de ser un conocimiento… una simple teoría que sin la debida practica es como el plano de la bomba nuclear en manos de un chimpancé, un trasto inútil. Pero el viento tuvo la gran idea de contármelo a mi en una mañana fría de invierno y lo cortante de sus palabras me hirió en el cuello hasta que la humedad de la sangre me dio una fantástica idea.

Daría solución al daño de la marca reparando su efecto antes de que se produzca.

Y no era otra cosa que darle calidez a un gélido gesto como el hielo que es el acto de morder, mi mente lo suavizo tanto que el secreto se convirtió en una condena de experimentos y errores buscando la clave hasta encontrarla y no fue hasta intentarlo dentro de una ducha que supe lo que andaba buscado. Ella era mi musa y una ducha con mampara redonda el escenario.

La verdad es que no se como llegue ahí tan bien acompañado, o puede que si lo sepa, pero seguro que andará enredado por las patas de las sillas, o en alguna escalera… o olvidado en el suelo de un ascensor, como no voy a buscarlo ahí se queda y allí me tienes a mi y a ella en la reducida y calida pecera que era aquel sitio. Con el agua recorriendo nuestros cuerpos desnudos entrelazándose entre nuestras piernas mientras nos robaba el jabón para dejarnos como llegamos al mundo. Solos y desesperados por encontrar sentido a la vida.


Es cierto que lo estábamos encontrando cuando entre sus besos y los míos su cuello quedo desprotegido y mi boca perfilando su cara me condujo hasta el cuello. Hallándome yo en tales circunstancias no pude contener y preguntarle si deseaba conocer mi secreto.

Y fue cuando un si que rozaba lo lastimero mezclado con el gemido más lascivo, suscito que le revelase lo pedido… y situándome a la altura de su lóbulo izquierdo susurre mi condena a quemarropa y sin más protección que un tibio velo de agua que corría entre nuestros cuerpos.

El secreto de un buen mordisco reside en…

Y mientras besaba su suave y humedad piel succioné una porción que aprisione ligeramente con los dientes sujetando sin llegar a aprisionar, conteniendo sin lastimar mientras mi boca viajaba por su cuello sobre unos raíles que suavizaba mi lengua a su paso uniendo así el frió de mi colmillos con el vapor de mi lengua ardiente.

Lo demás ya se sabe… en una pecera sólo hay salida por arriba y no siempre funciona cuando el cristal o la pared de mármol esta mojada… una presa sana se debatiría en intentar huir exponiéndose a golpes y resbalones. Pero no a esa distancia, tan cerca sientes como su alma se evapora y el control de su cuerpo se vuelve líquido buscando escurrirse por las cañerías.

El truco esta en agarrarla abrazándola por debajo de los hombros… mientras sigues minando su voluntad en el recorrido de una hábil sanguijuela que sigue el sentido de la yugular mientras que su huésped se desangra lentamente fundiéndose con la nada mientras que su voluntad y su control se igualan a cero.

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