22 mayo 2009

La leyenda de la mancha...


Abro el grillo y escucho el murmullo del agua por las tuberías… caen las primeras gotas que me relatan en contacto de mi piel lo que sucederá… sus amigas llegan después y arrastran todo lo que a mi cuerpo le sobra.

Las lagrimas caen por mi dermis en hilos que van buscando lo que me evitaba brillar… centímetro a centímetro van caracoleando sobre el bello… limpiándome como la lengua de mi madre. Cuando quiero darme cuenta ya ni siquiera estoy en el baño… y he aparecido en mitad de una colina dorada por el sol reflejado en el pajizo de la mancha.

La encina sigue arrojándome una torrencial lluvia y cuando cierro el grifo, comienza la lluvia de bellotas que acabaran de expoliar mi piel y darme un masaje con sus contundentes formas ovaladas.

Me dejo secar al sol mientras que la brisa seca va escribiendo la historia de mi vida comenzando por los pies y acabando por la cabeza… dejando lo más reciente cerca para no poder olvidarlo.

Un venado viene berreando con mi ropa colgada de sus cuernos… los pantalones en el izquierdo y la camiseta en el derecho. El resto de ropa va en las distintas puntas bien organizada… Me despido de mi vestidor con patas y espero a que el lince me traiga los zapatos…

Acabo por sentarme tras esperar un rato… disfruto del momento observando las mieses bailando esos minutos musicales inesperados… Aplaudo al final de lago de los patos… y el lince llega excusándose por la tardanza. Me cuenta algo de que se están extinguiendo y que se ha alargado la cita con su compañera. Le digo que no importa y rasco su vientre… hasta que se queda dormido bajo la encina. Me voy de puntillas sin despertarle.

En el fondo es buen chico, solo que le han tocado malas cartas en esta vida. Busco un taxi y llega un jabalí de cierta edad con sus imponentes colmillos mirándome. Sonrió y me dice que le monte… la carcajada llega y digo que voy delante… Entiende la broma y los dos nos reímos durante el viaje.

Me lleva hasta casa a tiempo de que pueda recoger los papeles del trabajo. Me despido del jabalí dándole una mochila de comida variada incluyendo fruta de todos los colores… se va moviendo su rabo y gruñendo alegremente.

La mancha sigue en el vino de mis venas… Cuando recuerdo el calor… echo de menos su asfixiante llamarada… en las ciudades que he vivido no he podido evitar… acordarme del infierno. Se lo que sentía Quijote, porque nuestras historias se escribieron bajo el mismo sol desquiciante.

2 comentarios:

RANTIFUSO dijo...

otro de tus "poemas". no lo es`. pero se podria representar de tal forma. por cierto: grillo?

Kramen dijo...

Grillo es de jose machado... Una novela de un escritor que le da a todas las direcciones sin importarle el donde y el cuando.

No creo que encuentres algun ejemplar... pero si vives por madrid te dejo el mio... hace cuatro meses consegui el ultimo en barcelona para una amiga.

Si te digo un secreto... no soy capaz de hacer un poema sino lo hago con la geometria clasica. Llevo la prosa demasiado dentro para sintetizar las palabras y hacerlas hermosas

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