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26 mayo 2009

Vórtex

¡Abrochense los cinturones niños! En este pequeño mar de dislexias y complejas convenciones sociales ningún tiburón es rey y todo pescador es carnada.

¡Miren! Al otro lado se divisa a Elisa, la zombie preorgásmica, leyendo las novedades que le vomita el humus.

Están todos invitados a comer, por aquí y por allá, sirvanse de donde quieran, beban de lo que quieran, ¡embriaguense de estas delicias psicotropicales!

¡Mirescuchentienten!
¡Mienten!

El aquelarre de Madamme Spandex se precipita sobre el abismal silencio de sus oídos, pero ¡no teman! En tormentas peores se han visto ancianos azarosos, y en tormentos peores se han encontrado los más lamentables recién nacidos.

Juguemos a sacarnos las muelas y a embelezarnos con un ungüento de Tripaspirinas, las frutas más deliciosas de todo el pseudocontinente.

¡Lloren, niños, lloren!
Pues el vórtex los ama.

18 mayo 2009

Todos para uno. (Al cuadrado)

Es
muy
difícil
escribir
en
días
como
hoy.





Me pregunto,
¿Qué hicimos mal?
¿En qué fallamos?



Ergo,
luego
excito.


Es amoralmente divertido sentarse a divagar con amigos, pretender que sabemos quien sabe que cosas, creer que entendemos sobre no sé que tipo de métodos, imaginar que conocemos perfectamente a quiensabequien, sentirnos bien o mal al respecto y despues, recién despues hacer todo al revés.




-Es jodido
-Muy, muy jodido.
-Me revuelve las entrañas pensar en todo esto.
-Dame un segundo... ¿tenés fuego?; gracias.
-¿Qué disco es este?
-¿No lo habías traído vos?
-¿Cuándo?
-Hoy... ¿o anoche?
-No, no, yo anoche no vine porque me enfermé, ahora ya estoy mejor. Y hoy vine sin mi anexo.
-Ah, se lo debe haber olvidado T.
-¡Qué quilombo! Y ahora tengo la incertidumbre de disco es el que estamos escuchando.
-Ya vendrán tiempos mejores.
-Ya vendrán.




Ay mamá,
vamos a ver
quien nos saca
de
este
enriedo.















(Blog)post data: Seguro pero tarde.

08 mayo 2009

Sobre la lluvia y otras pequeñeces aún más importantes.

A veces me pregunto cuanto tiempo es que tenés en verdad para diluviarme encima. Aunque alguna que otra ocasional llovizna no está mal, tiendo a preguntarme sobre la húmeda vocación que circula de aquí para allá en esa elipse un tanto difusa que nos rodea,

nos rodea a vos,
a mi,
y a todos.

Sin embargo, no confundamos términos, todos sabemos y tenemos muy claro que soy una de esas personas de humor estacional, en un día tengo 3 inviernos, 2 veranos, 1/2 otoño y alguna que otra primavera que se escapa por algún lado. Tengo esos tres inviernos de fríos que calientan la conciencia y alimentan la creatividad, tengo esos dos veranos que me hacen transpirar tanto que ya ni los quiero percibir a la distancia, ese medio otoño que asoma algunas tardes cuando no me lo espero y siempre está esa primavera hija de puta que se da sus aires de queseyoque adelante de mis narices.

Tal vez todo esté un poco potenciado por el sencillo hecho de que tengo esa constante y perseverante alergia desde el día que nací y mi papá decidió cruzarse desde el bar enfrente del Sanatorio de La Mujer sin pagar el té que estaba bebiendo. Una alergia que tiene sus días, una alergia que tiene sus temporadas, su forma de romper el hielo entre mi salud y yo; y su forma de irrumpir inesperdamente con la vana e insulsa ilusión de ser el alma de la fiesta.
Todo un cliché para intentar explicar como funciona un tipo psicosomático como yo.

Retomando el inconcluso asunto de los diluvios personales e impersonales, me preguntaba cuanto tiempo tenías, como ya dije, para diluviarme encima. Me encantan en todas sus formas, están esas tibias lloviznas que te acarician la frente y que suelen hacerme pensar "así deberíamos transpirar todos los seres humanos", y también están esos chaparrones intermitentes que te mojan entero pero que se hacen sentir con más ímpetu donde de verdad quieren, en la incontrolable e hiperkinética energía de los dedos, en la sedentaria calma de la espalda, gota a gota, bajando por la espina dorsal, o ¿por qué no? en los cómodos y pequeños lagos entre las suelas y las plantas de los pies.
El diluvio humano suele confundirse precisamente por ese motivo, a diferencia de la lluvia, no importa la cantidad sino la calidad, hay distintas cepas de diluvios humanos, los hay tímidos, pequeñísimos pero de una calidad irrefutable; y también los hay enormes, abrumadores, pero que con una vez ya basta, efímeros como esa persona que alguna vez te miró en el tren y te compartió un poco de su complicidad para que le digas con los ojos que la boca es bastante prescindible.

Con todo esto dicho, supongo que todos nos hemos dado cuenta ya de lo estúpido que resulta preguntar cuanto tiempo o cuanta vocación puede alguien tener para diluviar sobre mí o sobre cualquier otra persona. Resulta estúpido y necio simplemente porque nos olvidamos de los pequeños detalles, nos olvidamos de que la lluvia a veces es aburrida y triste porque alguien nos arruinó la sorpresa.



- ... Y para mañana en la región de el sur de nuestro país vamos a tener lluvias intermitentes con posibilidad de chaparrones aislados.


- Pero la puta madre con estos tipos, ahora me dieron incertidumbre. ¿Y si no llueve y me preparo en vano? ¿Y si llueve pero no cómo ellos dijeron? ¿Y si llueve pero en un momento qué no es el que ellos mencionan?



Lo estúpido,
es no saber apreciar
que para los diluvios humanos
no hay pronóstico que valga.


Vivimos en un alerta meteorológico constante.

05 mayo 2009

Dilema espresso.

-Es un tanto complicado.- dijo ella al tiempo que le daba una larga pitada al cigarrillo. Hacía rato que pensaba en decírselo, pero en decírselo al cigarrillo, sin embargo terminó diciéndoselo a él.
-Si, ya sé, me imagino lo que debe ser...- Una vez más, su sana costumbre de mentir descaradamente lo sacaba de un aprieto.
-No, en realidad no tenés la más puta idea, pero aprecio el gesto.-

Un silencio un tanto molesto se apareció en la mesa. El café estaba repleto, la gente pasaba como una delicada vertiente rasando las vidrieras de aquél café sin nombre. Ella miraba por la ventana y apreciaba como el humo de su boca se diluía en la palidez de la cara de él. Él se entretenía mirando alguna que otra expresión de las tantas que desfilaban frente a esa vidriera que le recordaba a algún otro café sin nombre en el que su infancia acompañaba a su padre a tomar un café luego del trabajo.

-¿A qué le prestás atención?
-No sé, la verdad no sé.- De hecho, ella si sabía, pero estaba demasiado concentrada en las últimas pitadas como para explicarlo.
-A mi me gusta prestarte atención a vos.- No sabía a ciencia cierta si era eso lo que quería decir, pero de una forma u otra, es lo que le salió.
-¿Vos escuchaste "Strangers in the night"?-
-Si, ¿por?- Nunca se esperó semejante respuesta.
-Creo que nosotros deberíamos reinterpretarla, en vez de "exchanging glasses" debería ser "sharing smoke".

Por un instante ambos intentaron insertar esa frase en la melodía, dentro de sus mentes; al no conseguirlo la conversación siguió su curso.

-Mirá, ¿viste aquella señora?- Señaló con el dedo meñique, esa poco sana costumbre que él tenía para señalar.
-Si, la ví, ¿por?- Y reprimió sus ganas de tomarle cariñosamente el dedo.
-Le puedo leer los labios, dice "Cuantas copas, cuantas tazas, cuantas tardes tiene agosto..."-
-Romántica la señora...- Y dejó escapar una sonrisa, casi concedida, regalada.
-Cortazaresca diría yo.-
-Si, puede ser.- Se acordó lentamente de cuando había leído Cortázar y no le gustó, desatando la sorna de sus amigos literatos.
-Ya sé que no te gusta, pero ¿no te parece?-
-Si, si...- Contestó un tanto nervioso, incómodo.
-Me gusta como te cambia la cara cuando tomás café.- Sus viejos métodos para aliviar la tensión nunca fallaban, eran como maquinaria aceitada.
-A mi me gusta como cruzas las piernas y fumas exhalando el humo por la nariz- Algo que tenía ganas de decir desde que se sentaron en la mesa, pero por algún motivo no había sabido explicar.
-¿Vamos a casa?-
-¿Por qué no?-
-Paga dios.-
-No, dejalo, ese tipo no cumple nunca, se volvió un moroso incobrable, pago yo que es más fácil.-

Salieron a la tarde nubalada, tarde nublada de un Agosto nublado. Una delgada llovizna les mojaba las narices. Él se abrochó el sobretodo y ella se acomodó la bufanda. Salieron caminando a mezclarse entre la vertiente de la gente que deambulaba por la calle con o sin paraguas de por medio; se dieron la mano y se perdieron entre la bruma que marcaba las 18:47 de aquella tarde de Otoño.

02 mayo 2009

Ideas sueltas acerca de el paladar y sus caprichos.

La deliciosa porosidad de su propio cuello lo volvía loco.
Fantaseaba con masticarse la yugular;
tardes enteras
estirando la lengua,
planeando como saborear la yugular.
Envidia,
envidia le daban
todos ellos
que podían complacerse con la sosa acidez del cuello ajeno,
que nada de malo encontraban en el perfume de las nucas de terceros.
A fin de cuentas,
era sólo cuestión de tiempo,
sólo cuestión de paciencia,
inmaculada paciencia.
Ya llegaría el día
de los besos en retrovisión.

29 abril 2009

Descalzo.

El vértice inconexo,
suave,
lento,
terso,
inconcluso,
destructivo,
arbitrario,
asombroso,
demoledor,
hipnótico,
asfixiante,
erótico,
casual,
inocente,
infantil,
cálido,
diáfano,
psicotrópico
e incalculable
del pliegue de sus piernas.

28 abril 2009

La vuelta al mundo en una King Size.

Nunca me resultó complicado dormir en sábanas ya revueltas, enredadas o incluso transpiradas. Lo encuentro casi normal o rutinario.

El delicado problema reside en intentar dormir en esas mismas sábanas cuando no fue uno el que las revolvió, cuando no fue uno quien las enredó, cuando no fue uno quien las transpiró, etc.

El olor a piel ajena en una sábana no es nocivo para la salud, pero quienes hayan tenido oportunidad de experimentar este fenómeno sabran lo díficil que resulta dormir en ellas.

24 abril 2009

Erosión.

-No.- Dijo él.
-Tampoco.- Contestó el otro.
-¿Pero quién se ha creído ud.? ¿Sabe con quien está hablando?
-No.
-A decir verdad, yo tampoco.
-Encantado.
-Un gusto.
-No, el gusto es mío.- Contestó visiblemente enojado.
-El gusto es mutuo.- Intentó mediar.
-No, mío.
-De acuerdo, suyo.
-No, porque de esa forma usted, en efecto, se está dando el gusto a usted.
-Como usted prefiera...
-¡No!, ¡como yo prefiera no!- Contestó muy turbado al tiempo que golpeaba con el puño la añejada mesa de roble- ¡Como usted no prefiera!

Y aquel hombre, sentado en esa antigua silla de madera que crujía cada vez que alguien se sentaba, prefirió el silencio.
El otro hombre se hizo polvo.

23 abril 2009

Sociedad anónima.

Para verte mejor...



Diego tenía un hijo, un hijo al que simplemente llamaremos "H", un hijo de una edad tan corta que apenas si podía contarse con un dedo de cualquier mano.
Un buen día, a Diego se le dio por llevar a "H" a dar un paseo en bote por el río. Mientras navegaban Diego y "H" se dedicaban mutuas miradas, "H" hacía esos largos interrogatorios que sólo caben en el efímero instante de un abrir y cerrar de ojos y Diego le contestaba arqueando las cejas, dejándole entrar a lo más profundo de sus propios ojos, permitiéndole hurgar entre los basurales de su iris.
Años más tarde, el paseo en bote terminaba, Diego estaba muerto y "H" lo lloraba a su manera, visitando todos los días un lago al azar y arrojando bolitas de papel con pequeños círculos pintados de colores, una manualidad bastante parecida a los mismísimos ojos.

-Pensé que si estabas muerto por lo menos te gustaría tener testigos. - Dijo en una larga y perpetua exhalación.

22 abril 2009

Algunas notas y concepciones sobre el electroshock.

Como un hipocondríaco
reptando entre síntomas.
Los pliegos caprichosos de la piel ajena
no comprenden
ni abarcan
la complicada estalactita hormonal
de la testosterona.
Una enciclopedia tantrica,
un bibliorato de autosatisfacción,
el punto g de su madre
con luces de neon.